Supongo que no calibró encontrarse en esa situación. Su rostro mostró la sorpresa dando lugar al pánico. Lo siguiente sería la súplica y la petición de clemencia.
A decir verdad, yo no esperaba haber llegado tan lejos. Cuando el profesor Palin desapareció no dudé en ofrecer una recompensa millonaria por cualquier pista de su paradero y, aunque tuve que filtrar muchas pistas falsas de bastardos que esperaban conseguir dinero fácil, algo salió. Una simple filtración de una nave en un astillero clandestino, una Diamond Back Scout que había sido equipada con un nuevo sistema de camuflaje. Algo que desafiaba toda lógica y todo conocimiento de las tecnologías de camuflaje disponibles hasta la fecha.
No fue fácil tirar del hilo, pero eventualmente me abrí camino entre un entramado de empresas fantasma que al final conducían a la mano ejecutora: Una facción mercenaria cuyo nombre, si os soy sincero, ya ni me acuerdo. Tampoco me importa un bledo.
La historia parecía conducirme directamente a aquellos que habían secuestrado a Palin. Según averigüé, habían sido contratados para crear capturar a Palin usando la información que la DBX, observada por varios comandantes cerca de Obsidian Orbital, les había estado enviando. Para ellos, un trabajo sencillo, a pesar de tratarse de uno de los principales investigadores en materia alienígena.
Me colé en su base haciéndome pasar por un nuevo recluta. Os lo podéis imaginar: No coló, supieron quién era e intentaron matarme.
Os será de útilidad saber que, si hay algo que nadie espera en una estación en el espacio profundo es una carga de demolición. Cuando sacaron las primeras armas activé las cargas, y la descompresión hizo el resto. Mi traje Remlock se activó al momento, y mis botas magnéticas me mantuvieron en el sitio, suerte que no corrieron muchos de los mercenarios. Solo unos pocos, los pilotos, llevaban puestos sus respectivos trajes y salvaron la vida.
Por eso aquel bastardo me miró aterrorizado cuando le apunté a la cara. Suplicó clemencia y me dijo todo lo que quería saber: Era una pista falsa. Les habían contratado para crear varias historias paralelas para cubrir el auténtico paradero de Palin. Ellos jamás habían estado en Maia ni habían participado en su secuestro.
Silencié el sistema de comunicaciones de mi traje. Pude verlo gritar un instante antes de apretar el gatillo, pero no sé lo que dijo. En el vacío, nadie puede escuchar tus gritos.
El proyecto de un aspirante a escritor. Una pequeña historia, pieza narrativa, ensayo, poesía... Lo que se me ocurra, día a día, durante un año.
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martes, 17 de abril de 2018
viernes, 16 de febrero de 2018
Día 31 de 365: "Debate: ¿Los carroñeros son formas de vida?" (Elite: Dangerous)
De: Comandante M. Volgrand
A: Instituto Canonn, sección debates.
Re: ¿Son los drones Targoide criaturas vivientes?
La definición de "vida" ha sido debatida largamente a lo largo de la historia de la humanidad, desde los primeros filósofos que dejaron su sabiduría en civilizaciones ancestrales hasta modernas concepciones que incluyen la consideración de efectos cuánticos en la sinapsis neuronal. La concepción del "yo" siempre ha ido ligada a la concepción de la existencia del ser humano en si misma: Yo no puedo considerarme como persona sin reconocer, al mismo tiempo, mi propia existencia e independencia de los sistemas que me rodean.
Los
seres humanos hemos creado artefactos que, antaño, habrían sido
considerados seres vivientes. Estoy hablando de robots y sondas
automatizadas: Por ejemplo, los robots recolectores usados a diario por
pilotos de toda la galaxia cumplen una función muy explícita: recoger
objetos en el vacío y devolverlos a la base. Hoy día entendemos que sus
acciones no son más que el reflejo de complejos algoritmos grabados en
sus memorias, y por ello sabemos a ciencia cierta que no están "vivos".
Sin embargo, una criatura que no comprendiera estos conceptos podría
considerar que los robots recolectores son criaturas sentientes con una
vida muy corta y funciones muy limitadas.
Este mismo ejemplo puede extenderse a muchísimas otras creaciones humanas: Los Skimmers de defensa automáticos, las computadoras de a bordo, drones de ciencia, drones reparadores...
Analicemos ahora el caso de los drones targoide denominados "Carroñeros". Estas criaturas han sido observadas en las bases Targoide y en los grandes bosques de Percebes encontrados en varios puntos de las Pléyades. Sus funciones parecen muy limitadas: Limpian lo que parecen heridas infectadas o erosioines de la superficie de la base, expulsan los restos en zonas predeterminadas, y en ocasiones atacan a objetivos hostiles. Sus funciones parecen ligadas a la base en si misma: si se coloca un artefacto de los Guardianes en el ordenador central, la reacción de defensa del mismo es transferida al resto de drones, que iniciarán ataques contra cualquier nave o vehículo humano en las inmediaciones.
Mientras que su forma de actuar no es demasiado diferente de las acciones preprogramadas con algoritmos en las creaciones humanas, su construcción sí que lo es. Su estructura es eminentemente biológica, incluso contando con "órganos" diferenciados y con funciones muy específicas. Su destrucción conlleva la liberación de distintos materiales y artefactos de manufactura Targoide y, como es normal en esta raza, de tecnología biomecánica.
¿Es esta diferencia suficiente para considerar que un Carroñero merece ser considerado como un ser vivo, a diferencia de otros robots creados por los humanos?
A día de hoy, es una pregunta de difícil respuesta.
A: Instituto Canonn, sección debates.
Re: ¿Son los drones Targoide criaturas vivientes?
La definición de "vida" ha sido debatida largamente a lo largo de la historia de la humanidad, desde los primeros filósofos que dejaron su sabiduría en civilizaciones ancestrales hasta modernas concepciones que incluyen la consideración de efectos cuánticos en la sinapsis neuronal. La concepción del "yo" siempre ha ido ligada a la concepción de la existencia del ser humano en si misma: Yo no puedo considerarme como persona sin reconocer, al mismo tiempo, mi propia existencia e independencia de los sistemas que me rodean.
Los
seres humanos hemos creado artefactos que, antaño, habrían sido
considerados seres vivientes. Estoy hablando de robots y sondas
automatizadas: Por ejemplo, los robots recolectores usados a diario por
pilotos de toda la galaxia cumplen una función muy explícita: recoger
objetos en el vacío y devolverlos a la base. Hoy día entendemos que sus
acciones no son más que el reflejo de complejos algoritmos grabados en
sus memorias, y por ello sabemos a ciencia cierta que no están "vivos".
Sin embargo, una criatura que no comprendiera estos conceptos podría
considerar que los robots recolectores son criaturas sentientes con una
vida muy corta y funciones muy limitadas.Este mismo ejemplo puede extenderse a muchísimas otras creaciones humanas: Los Skimmers de defensa automáticos, las computadoras de a bordo, drones de ciencia, drones reparadores...
Analicemos ahora el caso de los drones targoide denominados "Carroñeros". Estas criaturas han sido observadas en las bases Targoide y en los grandes bosques de Percebes encontrados en varios puntos de las Pléyades. Sus funciones parecen muy limitadas: Limpian lo que parecen heridas infectadas o erosioines de la superficie de la base, expulsan los restos en zonas predeterminadas, y en ocasiones atacan a objetivos hostiles. Sus funciones parecen ligadas a la base en si misma: si se coloca un artefacto de los Guardianes en el ordenador central, la reacción de defensa del mismo es transferida al resto de drones, que iniciarán ataques contra cualquier nave o vehículo humano en las inmediaciones.
Mientras que su forma de actuar no es demasiado diferente de las acciones preprogramadas con algoritmos en las creaciones humanas, su construcción sí que lo es. Su estructura es eminentemente biológica, incluso contando con "órganos" diferenciados y con funciones muy específicas. Su destrucción conlleva la liberación de distintos materiales y artefactos de manufactura Targoide y, como es normal en esta raza, de tecnología biomecánica.
¿Es esta diferencia suficiente para considerar que un Carroñero merece ser considerado como un ser vivo, a diferencia de otros robots creados por los humanos?
A día de hoy, es una pregunta de difícil respuesta.
miércoles, 10 de enero de 2018
Día 30 de 365: "Las ruinas alien" (Elite Dangerous)
Sector Synuefe, sistema XR-H d11-102.
Enero de 3303.
Planeta 1B, órbita baja.
Era una época de emoción para los arqueólogos y científicos de la galaxia. El descubrimientos de las ruinas alienígenas ancestrales por parte del comandante XDeath había supuesto una revolución para toda la humanidad: La certeza de que, al menos en el pasado, hubo otra raza inteligente interestelar y que ahora estábamos descubriendo sus restos. Los últimos testimonios de que dicha raza, apodada "Los Guardianes" alguna vez existió.
El comandante Volgrand había sido de los primeros en acudir alas ruinas cuando Ram Tah hizo saber que había desarrollado un software que permitiría a cualquier piloto descifrar partes de la información guardada en dichas ruinas. Era un sistema de transmisión de información nunca antes visto, combinando lo que parecía ser desde un sistema binario a algo que podría describirse como pura psiónica. Cómo había conseguido este ingeniero hallar un sistema de que nuestros ordenadores se comunicaran con las ruinas ancestrales solo lo sabía él mismo. Para rematar la faena, ofreció una recompensa muy sustanciosa: Un millón de créditos por cada pieza de información descifrada.... y se estimaba que había cientos de estas.
La C.R.V. Star Dwealler mantenía una órbita baja sobre el lugar del yacimiento. Era facilmente visible desde el espacio, no por su tamaño, si no por su forma claramente geométrica, compuesta por varios circulos unidos por líneas. Un patrón demasiado regular para tratarse de algo natural. Cada pocos minutos un paquete de datos le era trasmitido, parte de la información que había solicitado Ram Tah; el Instituto Canonn habia acordado mandar la misma a los comandantes que se encargaran de proteger a los científicos de campo como forma de pago.
La música de la cabina bajó el volumen cuando el ordenador de a bordo detectó una transmisión entrante.
—Comandante M. Volgrand, ¿me recibe?
—Algo y claro. ¿Todo bien ahí abajo?
—Todo bien. Varios comandantes más se han unido al escuadrón, tenemos este area bien protegida. ¿Quiere tomarse un descanso?
—Por favor, la patrulla orbital es aburrida.
Pocos minutos después Volgrand confirmó que una nave de las fuerzas de defensa de Canonn surgía del planeta para reemplazarle; el comandante dirigió a Star Dwealler hacia las ruinas bajo él y, tras completar la aproximación, redujo la velocidad a términos aceptables para un ser humano.
Las ruinas emitían una extraña carga electroestática que llenaba las cabinas de las naves con extraños sonidos, casi como una coral muy distorsionada. Las estructuras estaban completamente cubiertas por tierra, quedando de ellas solo el relieve sobre la superficie. Sin embargo había algunas que conservaban su forma original inalterada, casi como si una fuerza incomprensible las mantuviera libres de ser enterradas por el paso de los siglos. Era en estas estructuras donde los comandantes basaban sus esfuerzos, intentando combinar escáneres de unas y otras hasta obtener un resultado aceptable .
Decenas de vehículos de tierra S.R.V. recorrian las ruinas, iluminando todo con sus potentes faros. Algunas naves servían como iluminación, volando a poca altura sobre el yacimiento con sus focos extendidos; en tierra destacaba especialmente una enorme Beluga que ocupaba la mayor extensión llana del lugar. Las comunicaciones volaban entre los comandantes y científicos, contrastando datos y demás, pero Volgrand activó los filtros hasta la frecuencia de las fuerzas de seguridad.
—... Aquí Viktor, todo despejado en el sector norte.
—Comandante Vaslky, nada que reportar en sector sudeste.
—Aquí Volgrand —informó este—, patrullando sobre el yacimiento.
Un aviso del radar destacó la llegada de una nave desde supercrucero. Volgrand hizo girar la Star Dwealler directamente hacia la misma; una Fer-De-Lance, nave de combate por excelencia, estaba estabilizando su vuelo para contrarrestrar la gravedad de la luna. Un rápido escaneo de la misma denotó una configuración claramente de combate: Láseres de pulso, multicañones, sin hangar planetario, escudo de gran potencia y armadura militar. El nombre del comandante eran solo tres letras: EDC.
—Control de patrulla, aquí Volgrand: Confirmación de comandante, designación "E,D,C".
—Un momento, comandante... No tenemos informe del comandante EDC, Volgrand.
—Envíen refuerzos de inmediato.
Volgrand desplegó su armamento y estableció contacto con la nave de EDC, mandando la comunicación también en abierto a todas las naves cercanas.
—Aquí el comandante M. Volgrand de las fuerzas de defensa de Canonn. Identifíquese, comandante, y diga qué le ha traido a este lugar.
Unos segundos de tensa espera después, la Fer-de-lance desplegó su propio sistema de armamento, ignoró a Volgrand y abrió fuego sobre una nave aterrizada.
Grave error.
Los motores de Star Dwealler rugieron con el post-quemador, y la Python fuertemente reforzada chocó violentamente contra la Fer-de-lance, evitando que siguiera disparando.
—¡Evacúen todas las naves! Y tú, EDC, este será tu último error.
Fue entonces cuado vio el logotipo pintado sobre la nave terrorista: Un lobo que sonreía, enseñando todos los dientes. Volgrand sintió la adrenalina en el estómago, ya que eso significaba una cosa...
—Comandante, tres contactos nuevos en el radar.
...Los combatientes del Smiling Dog Crew nunca, nunca estaban solos.
_______________________
Día 30 de 365
10 de Enero.
Enero de 3303.
Planeta 1B, órbita baja.
Era una época de emoción para los arqueólogos y científicos de la galaxia. El descubrimientos de las ruinas alienígenas ancestrales por parte del comandante XDeath había supuesto una revolución para toda la humanidad: La certeza de que, al menos en el pasado, hubo otra raza inteligente interestelar y que ahora estábamos descubriendo sus restos. Los últimos testimonios de que dicha raza, apodada "Los Guardianes" alguna vez existió.
El comandante Volgrand había sido de los primeros en acudir alas ruinas cuando Ram Tah hizo saber que había desarrollado un software que permitiría a cualquier piloto descifrar partes de la información guardada en dichas ruinas. Era un sistema de transmisión de información nunca antes visto, combinando lo que parecía ser desde un sistema binario a algo que podría describirse como pura psiónica. Cómo había conseguido este ingeniero hallar un sistema de que nuestros ordenadores se comunicaran con las ruinas ancestrales solo lo sabía él mismo. Para rematar la faena, ofreció una recompensa muy sustanciosa: Un millón de créditos por cada pieza de información descifrada.... y se estimaba que había cientos de estas.
La C.R.V. Star Dwealler mantenía una órbita baja sobre el lugar del yacimiento. Era facilmente visible desde el espacio, no por su tamaño, si no por su forma claramente geométrica, compuesta por varios circulos unidos por líneas. Un patrón demasiado regular para tratarse de algo natural. Cada pocos minutos un paquete de datos le era trasmitido, parte de la información que había solicitado Ram Tah; el Instituto Canonn habia acordado mandar la misma a los comandantes que se encargaran de proteger a los científicos de campo como forma de pago.
La música de la cabina bajó el volumen cuando el ordenador de a bordo detectó una transmisión entrante.
—Comandante M. Volgrand, ¿me recibe?
—Algo y claro. ¿Todo bien ahí abajo?
—Todo bien. Varios comandantes más se han unido al escuadrón, tenemos este area bien protegida. ¿Quiere tomarse un descanso?
—Por favor, la patrulla orbital es aburrida.
Pocos minutos después Volgrand confirmó que una nave de las fuerzas de defensa de Canonn surgía del planeta para reemplazarle; el comandante dirigió a Star Dwealler hacia las ruinas bajo él y, tras completar la aproximación, redujo la velocidad a términos aceptables para un ser humano.
Las ruinas emitían una extraña carga electroestática que llenaba las cabinas de las naves con extraños sonidos, casi como una coral muy distorsionada. Las estructuras estaban completamente cubiertas por tierra, quedando de ellas solo el relieve sobre la superficie. Sin embargo había algunas que conservaban su forma original inalterada, casi como si una fuerza incomprensible las mantuviera libres de ser enterradas por el paso de los siglos. Era en estas estructuras donde los comandantes basaban sus esfuerzos, intentando combinar escáneres de unas y otras hasta obtener un resultado aceptable .
Decenas de vehículos de tierra S.R.V. recorrian las ruinas, iluminando todo con sus potentes faros. Algunas naves servían como iluminación, volando a poca altura sobre el yacimiento con sus focos extendidos; en tierra destacaba especialmente una enorme Beluga que ocupaba la mayor extensión llana del lugar. Las comunicaciones volaban entre los comandantes y científicos, contrastando datos y demás, pero Volgrand activó los filtros hasta la frecuencia de las fuerzas de seguridad.
—... Aquí Viktor, todo despejado en el sector norte.
—Comandante Vaslky, nada que reportar en sector sudeste.
—Aquí Volgrand —informó este—, patrullando sobre el yacimiento.
Un aviso del radar destacó la llegada de una nave desde supercrucero. Volgrand hizo girar la Star Dwealler directamente hacia la misma; una Fer-De-Lance, nave de combate por excelencia, estaba estabilizando su vuelo para contrarrestrar la gravedad de la luna. Un rápido escaneo de la misma denotó una configuración claramente de combate: Láseres de pulso, multicañones, sin hangar planetario, escudo de gran potencia y armadura militar. El nombre del comandante eran solo tres letras: EDC.
—Control de patrulla, aquí Volgrand: Confirmación de comandante, designación "E,D,C".
—Un momento, comandante... No tenemos informe del comandante EDC, Volgrand.
—Envíen refuerzos de inmediato.
Volgrand desplegó su armamento y estableció contacto con la nave de EDC, mandando la comunicación también en abierto a todas las naves cercanas.
—Aquí el comandante M. Volgrand de las fuerzas de defensa de Canonn. Identifíquese, comandante, y diga qué le ha traido a este lugar.
Unos segundos de tensa espera después, la Fer-de-lance desplegó su propio sistema de armamento, ignoró a Volgrand y abrió fuego sobre una nave aterrizada.
Grave error.
Los motores de Star Dwealler rugieron con el post-quemador, y la Python fuertemente reforzada chocó violentamente contra la Fer-de-lance, evitando que siguiera disparando.
—¡Evacúen todas las naves! Y tú, EDC, este será tu último error.
Fue entonces cuado vio el logotipo pintado sobre la nave terrorista: Un lobo que sonreía, enseñando todos los dientes. Volgrand sintió la adrenalina en el estómago, ya que eso significaba una cosa...
—Comandante, tres contactos nuevos en el radar.
...Los combatientes del Smiling Dog Crew nunca, nunca estaban solos.
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Día 30 de 365
10 de Enero.
martes, 26 de diciembre de 2017
Día 21 de 365: Diario de Bitácora (3): "A ver si lo he comprendido"
—A ver si lo he comprendido... ¿Me estás diciendo que Aegis está tras la guerra contra los Targoides?
La Type 10: Defender "Fat Mama" detuvo su vuelo con el potente rugir de sus motores luchando por detener la inercia de una nave que con más de quinientas toneladas de cargamento a bordo. Portaba materiales varios para asistir con la reparación de las estaciones atacadas por los Targoides: Acero, superconductores, constructores automatizados, trajes de vacío, y un largo etcétera.
El ordenador de a bordo no añadió nada al reporte que había leído de Canonn. No tenía tanta capacidad para responder a esa pregunta.
—Maldita sea... es que todo encaja demasiado bien. ¿Que las mismas naves que atacaron a los exploradores que descubrieron las bases Targoide eran de Aegis? Y tiene sentido, ¿cómo iba Aegis a conseguir tanta capacidad en tan poco tiempo? Incluso aunque las superpotencias destinaran todos sus recursos a apoyarla, no se consiguen varias decenas de estaciones espaciales en cuestión de semanas.
Volgrand se quedó pensativo, con su nave aguardando a pocos kilómetros de la estación Titan's Daughter. La estación, que había sido atacada la semana anterior, había logrado controlar los incendios y los escapes de radiación que convirtieron la atmósfera artificial en un infierno irrespirable, y ahora se hallaba en fase de reparación.Una voz de mujer sonó por el equipo de comunicaciones:
—Core Dynamic Mike, Victor, Oscar, siempre es un placer volver a verle, comandante. Requerimos materiales para continuar las reparaciones, y todavía quedan refugiados que buscan salir de esta estación.
—Coriolis Titan's Daughter, aquí el comandante Volgrand, no me dispongo a atracar inmediatamente.
—Entendido comandante, por favor solicite permiso de aterrizaje antes de intentar acceder.
La comunicación se cortó y el comandante se quedó en silencio, pensando para si mismo. ¿Sería posible que les hubieran engañado? Aunque quería creer que no era posible, que ojalá fuera tan simple como que los Targoides fueran los malos y los humanos los buenos, todo apuntaba a que el informe de Canonn tenía indicios de verdad.
Pero un buen científico de campo no se contaba con lo que le contaban: Salía ahí fuera y buscaba los datos a cualquier precio. Pero meterse en el repetidor de comunicaciones controlado y protegido por AEGIS no sería nada fácil, y más sabiendo que tendían a disparar y a preguntar después.
Necesitaría ayuda.
—Ordenador, inicia comunicación segura.
—Sí, señor —respondió el ordenador con una metálica voz femenina—. ¿Código de frecuencia?
—Infinity, código de acceso Mike, Delta, Alpha, veintitrés, cuarenta, setenta y dos, Goya.
—Iniciando.... Puede hablar, comandante.
Volgrand se echó hacia atrás en su asiento mientras hablaba.
—Escuadrón, tengo un trabajo de investigación. Necesito comprobar si los últimos datos recogidos por Canonn son correctos, me refiero a aquellos que dicen que AEGIS está provocando esta guerra. Será peligroso. ¿Algún voluntario?
Un panel de luces rojas apareció en el proyector holográfico. Tras unos segundos, una de las mismas se volvió verde... y otra, y otra y otra... Los comandantes del Escuadrón Infinity estaban respondiendo a la llamada. Volgrand sonrió.
—Ordenador, pon rumbo a Merope. Vamos a recoger a Radiance, hace mucho que no sale a dar un paseo.
—Recibido, comandante. ¿Desea usted que solicite un nuevo patrón de pintura?
—No, el de las llamas naranjas está bien. Pero que le cambien el dibujo del título por uno de combate.
—Sí, señor, enviando solicitud. Ruta programada para llegar con tres saltos, deberíamos llegar a Alcazar's Hope en unos quince minutos.
Volgrand tomó los controles de la nave y activó el motor de distorsión.
—Esto será interesante...
Día 21 de 365.
26 de Diciembre.
La Type 10: Defender "Fat Mama" detuvo su vuelo con el potente rugir de sus motores luchando por detener la inercia de una nave que con más de quinientas toneladas de cargamento a bordo. Portaba materiales varios para asistir con la reparación de las estaciones atacadas por los Targoides: Acero, superconductores, constructores automatizados, trajes de vacío, y un largo etcétera.
El ordenador de a bordo no añadió nada al reporte que había leído de Canonn. No tenía tanta capacidad para responder a esa pregunta.
—Maldita sea... es que todo encaja demasiado bien. ¿Que las mismas naves que atacaron a los exploradores que descubrieron las bases Targoide eran de Aegis? Y tiene sentido, ¿cómo iba Aegis a conseguir tanta capacidad en tan poco tiempo? Incluso aunque las superpotencias destinaran todos sus recursos a apoyarla, no se consiguen varias decenas de estaciones espaciales en cuestión de semanas.
Volgrand se quedó pensativo, con su nave aguardando a pocos kilómetros de la estación Titan's Daughter. La estación, que había sido atacada la semana anterior, había logrado controlar los incendios y los escapes de radiación que convirtieron la atmósfera artificial en un infierno irrespirable, y ahora se hallaba en fase de reparación.Una voz de mujer sonó por el equipo de comunicaciones:
—Core Dynamic Mike, Victor, Oscar, siempre es un placer volver a verle, comandante. Requerimos materiales para continuar las reparaciones, y todavía quedan refugiados que buscan salir de esta estación.
—Coriolis Titan's Daughter, aquí el comandante Volgrand, no me dispongo a atracar inmediatamente.
—Entendido comandante, por favor solicite permiso de aterrizaje antes de intentar acceder.
La comunicación se cortó y el comandante se quedó en silencio, pensando para si mismo. ¿Sería posible que les hubieran engañado? Aunque quería creer que no era posible, que ojalá fuera tan simple como que los Targoides fueran los malos y los humanos los buenos, todo apuntaba a que el informe de Canonn tenía indicios de verdad.
Pero un buen científico de campo no se contaba con lo que le contaban: Salía ahí fuera y buscaba los datos a cualquier precio. Pero meterse en el repetidor de comunicaciones controlado y protegido por AEGIS no sería nada fácil, y más sabiendo que tendían a disparar y a preguntar después.
Necesitaría ayuda.
—Ordenador, inicia comunicación segura.
—Sí, señor —respondió el ordenador con una metálica voz femenina—. ¿Código de frecuencia?
—Infinity, código de acceso Mike, Delta, Alpha, veintitrés, cuarenta, setenta y dos, Goya.
—Iniciando.... Puede hablar, comandante.
Volgrand se echó hacia atrás en su asiento mientras hablaba.
—Escuadrón, tengo un trabajo de investigación. Necesito comprobar si los últimos datos recogidos por Canonn son correctos, me refiero a aquellos que dicen que AEGIS está provocando esta guerra. Será peligroso. ¿Algún voluntario?
Un panel de luces rojas apareció en el proyector holográfico. Tras unos segundos, una de las mismas se volvió verde... y otra, y otra y otra... Los comandantes del Escuadrón Infinity estaban respondiendo a la llamada. Volgrand sonrió.
—Ordenador, pon rumbo a Merope. Vamos a recoger a Radiance, hace mucho que no sale a dar un paseo.
—Recibido, comandante. ¿Desea usted que solicite un nuevo patrón de pintura?
—No, el de las llamas naranjas está bien. Pero que le cambien el dibujo del título por uno de combate.
—Sí, señor, enviando solicitud. Ruta programada para llegar con tres saltos, deberíamos llegar a Alcazar's Hope en unos quince minutos.
Volgrand tomó los controles de la nave y activó el motor de distorsión.
—Esto será interesante...
Día 21 de 365.
26 de Diciembre.
sábado, 23 de diciembre de 2017
Día 19 de 365: Diario de bitácora (2)
Sistema Achenar, capital Imperial.
Terminal Baker, en órbita de Yamaha's Grave.
Marzo de 3303.
Aturdido y abrumado
por la duda de los celos
se vé triste en la cantina
a un bohemio ya sin fé.
Con los nervios destrozados
y llorando sin remedio,
como un loco atormentado
por la ingrata que se fué.
Las estaciones imperiales tenían la cualidad de tener que demostrar sus lujos a todo volumen, en todas partes y en todo momento. Era común en las cantinas del Imperio escuchar temas opulentos: grandes composiciones orquestales, música en vivo con instrumentos únicos y exóticos... En aquél bar de Achenar en particular, habían escogido música grabada, pero no una música cualquiera: Canciones de un autor que databa del siglo veintiuno, cuyas grabaciones habían sobrevivido hasta la actualidad.
El español era el idioma natal de M. Volgrand, por lo que escucharlo en aquella voz masculina le llamó la atención, especialmente por el curioso acento y el uso de palabras de una forma distinta a la que estaba acostumbrado.
Una vibración en el brazo indicó una llamada entrante. Al activarlo, el proyector holográfico formó el rostro de una mujer.
—Buenas noches, Manuel.
Volgrand guardó silencio.
—¿Qué te ocurre?
—Me preguntaba por qué me llamabas después de tanto tiempo, Sara.
—Oh, ¿no puedo querer ponerme al día con mi ex-prometido? Caballero M. Volgrand, de su majestad Imperial. Debes estar nadando en la abundancia —añadió con sorna.
—Al menos aquí no asesinan a pilotos por una simple multa de aparcamiento.
—No, ahí los esclavizan.
—La galaxia es un lugar cruel —sentenció Volgrand—. ¿Qué quieres? Te conozco demasiado bien.
Sara, al otro lado del comunicador, se echó hacia atrás acomodándose en una silla. Volgrand pudo ver la parte superior de un elegante vestido rojo; ella tomó una copa y le mandó un brindis desde donde fuera que llamase.
—Me he enterado de lo que estás preguntando, de las sospechas que intentas confirmar.
—¿Acaso me espías?
—Tenemos amigos en común. Has preguntado a todos tus contactos en el Imperio, la Federación y la Alianza. Era cuestión de tiempo que me enterara.
Volgrand tomó un trago de su propia bebida, un brandy Laviano. Si de algo estaba seguro es que Sara jamás había querido hacerle daño; puede que ya hubiera demasiada distancia entre los dos, pero no había odio.
—Estoy en peligro, ¿verdad?
—Por supuesto. Estás intentando descubrir un secreto que lleva oculto cientos de años. Los exploradores del Childrens of Raxxla están cada vez más cerca de descubrir incómodas verdades, y muchos ojos federales están vigilando los acontecimientos en Formidine Rift y demás. Tengo entendido que estuviste por ahí.
—Ayudé a mapear el Puente de Heisenberg, sí. ¿Tienes algo de información para mi?
—Por supuesto: Tienes razón.
El silencio que siguió a eso quedó cubierto por el solo de guitarra de la ancestral canción.
—¿En qué?
—En todo —concluyó Sara—. Los Percebes y los artefactos alienígenas, las ruinas de los Guardianes, los mensajes de la comandante Salomé, la restricción en Col-70, el súbito interés de las potencias en las Pléyades, el proyecto Exodus, Inra... Todo está relacionado.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque si sigues las líneas de mando todas responden a un único colectivo. No sé a quién —aclaró—, pero todas conducen al mismo lugar.
Volgrand se gastó unos momentos en asumir esa información. Cuando él decía que todo estaba relacionado no esperaba... eso.
—Una conspiración a nivel galáctico durante siglos... Es difícil de creer.
—Créelo. A todo esto, mueve el proyector a un lado, que pueda ver detrás tuyo.
Volgrand hizo lo que le pidió Sara y, tras unos segundos, volvió a mover el proyector frente a él mismo.
—Los tres tipos que hay detrás tuyo, que visten pomposos y de blanco y azul, son agentes federales.
—¿Vienen a por mi?
—Sí. Quieren silenciarte, y también averiguar dónde esconde Palin todos los artefactos que han recuperado los comandantes de Canonn Interestelar. Probablemente luego modifiquen tu mente para que te conviertas en un espía sin saberlo.
—Eso parece más propio de la Alianza.
—¿No te he dicho que todo estaba relacionado? La Alianza sabe algo al respecto, pero no sé bien el qué.
El comandante se acomodó en la silla de la barra, echando su bebida a un lado.
—Gracias por la información, federrata.
—No hay de qué, perro imperial. No dejes que te capturen.
—¿Oh, ahora te preocupas por mi? —preguntó Volgrand con media sonrisa.
—No, es que me dará mucha pereza averiguar qué hicieron contigo después. Cambio y corto.
La comunicación se cortó en el proyector holográfico. La canción parecía estar llegando a su fin. "Mozo, sírvame la copa rota, quiero sangrar gota a gota, el veneno de su amor". Volgrand bajó una mano a la cadera y su traje Remlock se abrió, revelando una pistola láser que él posó sobre su regazo. A su espalda, los tres hombres de los que le había advertido Sara se levantaron.
Esos ilusos iban a descubrir pronto que la Federación de Pilotos no otorgaba el rango de combate "Maestro" a cualquier comandante. Volgrand esperaba no causar demasiados destrozos: sería un auténtico crímen perder una grabación milenaria de semejante calidad.
Día 19 de 365.
23 de Diciembre.
viernes, 22 de diciembre de 2017
Día 18 de 365: Diario de bitácora, parte 1.
Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
Si estás leyendo estas líneas, enhorabuena, vas a descubrir una pequeña parte de todo lo que he vivido. La cita de arriba es de una película ancestral, restaurada en los archivos del instituto Canonn, y creo que viene perfecta para la ocasión.
Soy el comandante M. Volgrand, nací en el 3270, y aquí voy a recoger mis memorias, porque he visto muchas cosas que creo que deben perdurar más allá de mi muerte, que siendo sinceros, podría ocurrir en cualquier momento. No estoy enfermo, pero digamos que mi actividad toca las narices a mucha gente muy poderosa. Pero no es nada fácil matar a un comandante de la Federación de Pilotos, y desde luego yo no pienso ponérselo fácil a nadie. Eso por no mencionar mi habilidad especial para meterme en distintos problemas cada dos por tres, y de ir a investigar cosas alienígenas a la primera de cambio.
A muchos comandantes les mueve el dinero, y el llevar sus naves al límite de la tecnología; a mi no: A mi me motivan las misiones que proveen un cambio a la galaxia, que la hacen un poquito mejor. A mi me motivan los misterios que nadie se ha atrevido a investigar, y me motiva ayudar a los indefensos, y asistir a otros comandantes en misiones que ayuden a mejorar las cosas. Aunque sea solo un poco.
¿Cómo escribiré estas memorias? Según me dé. Tengo mi venita melodramática y escritora que dejaré surgir por aquí. Algunas entradas serán recuerdos que os contaré como tal, otras las haré como recreaciones de lo ocurrido, y quizá incluya fotos y grabaciones de mis aventuras. Vais a ver que he hecho cosas crueles, y quizá me consideréis un criminal. Honestamente, no voy a pedir perdón.
He destruido cientos de naves, y he combatido en docenas de guerras. He destruido sin miramientos a cápsulas de escape, he asaltado puestos de superficie, he asaltado naves de suministros, he comerciado con narcóticos, he metido armamento de contrabando en estaciones y he comerciado con esclavos. También he corrido al rescate de naves perdidas en medio de la galaxia, a miles de años luz de la civilización; me he metido en zonas de combate para sacar a unos pocos refugiados; he volado junto a monstruos alienígenas para salvar a algún inocente de ser abducido; he luchado batallas perdidas para dar tiempo a alguien a huir, y he roto bloqueos a estaciones para llevar comida y medicinas cuando fue necesario.
Lo voy a decir muy en serio: Me da igual lo que pienses. Me da igual si crees que soy una persona cruel, porque sí, a veces hay que serlo, porque la galaxia es cruel. Pero créeme en una cosa: He hecho que la galaxia sea un poquito mejor.
Así que si quieres seguir leyendo: Bienvenido al cuaderno de bitácora del comandante M. Volgrand.
Día 18 de 365.
22 de Diciembre.
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Este es el inicio de mi otro blog, basado en mi personaje del universo de Elite: Dangerous. Si os gusta la ciencia ficción, los misterios, el espacio y demás, echadle un ojo :)
https://cmdrmvolgrand.blogspot.co.uk
sábado, 18 de noviembre de 2017
Día 11 de 365: "Evacuación"
Pocos han tenido el horrendo honor de observar una estación Coriolis en llamas.
Las estaciones Coriolis son gigantescas estaciones de forma cuboctaedra con un radio de aproximadamente dos kilómetros. Son parte fundamental de la sociedad galáctica, sirviendo como puntos de suministro, comercio y reabastecimiento. Sus defensas son formidables, y solo un ejército dirigido por un loco sería capaz de plantear siquiera la posibilidad de lanzar un ataque abierto a una.
La estación "Magnificent" ardía. Los gigantescos láseres de pulso disparaban en todas direcciones, intentando impactar a naves biológicas cuya forma recordaba levemente a una flor. Los Targoides se habían lanzado a la ofensiva, ya no atacaban naves de forma esporádica, si no que coordinaban sus ataques en puntos estratégicos de la humanidad. Y estábamos perdiendo.
El primer protocolo de toda estación Coriolis era la de cerrar las compuertas del hangar para proteger a las naves atracadas mientras lidiaba con el ataque. El segundo, que no se había activado en varios siglos, era exactamente el contrario: Destracar todas las naves que estuvieran listas para el vuelo y ordenar una evacuación inmediata. Nadie estaba preparado para tal evento, nadie sabía bien cómo actuar, y el caos se desató. Los Targoides esperaron en la puerta del hangar, destruyendo a toda nave que intentara huir, a pesar de los esfuerzos de la estación por repelerlos. Con la flota de defensa destruida, poco podían hacer.
Los radares de la estación detectaron la llevada de varias naves. Media docena de contactos aparecieron a pocos kilómetros de Magnificent, dirigiéndose rápidamente hacia los interceptores Targoide que bloqueaban la salida del hangar. Las explosiones, acompañadas por la inconfundible nube azul del armamento de Aegis se sintieron en la propia estación, seguidas por el grito de dolor e ira del Targoide que había sido impactado. La comunicación, lanzada en todos los canales, llegó solo unos segundos después.
Las estaciones Coriolis son gigantescas estaciones de forma cuboctaedra con un radio de aproximadamente dos kilómetros. Son parte fundamental de la sociedad galáctica, sirviendo como puntos de suministro, comercio y reabastecimiento. Sus defensas son formidables, y solo un ejército dirigido por un loco sería capaz de plantear siquiera la posibilidad de lanzar un ataque abierto a una.
La estación "Magnificent" ardía. Los gigantescos láseres de pulso disparaban en todas direcciones, intentando impactar a naves biológicas cuya forma recordaba levemente a una flor. Los Targoides se habían lanzado a la ofensiva, ya no atacaban naves de forma esporádica, si no que coordinaban sus ataques en puntos estratégicos de la humanidad. Y estábamos perdiendo.
El primer protocolo de toda estación Coriolis era la de cerrar las compuertas del hangar para proteger a las naves atracadas mientras lidiaba con el ataque. El segundo, que no se había activado en varios siglos, era exactamente el contrario: Destracar todas las naves que estuvieran listas para el vuelo y ordenar una evacuación inmediata. Nadie estaba preparado para tal evento, nadie sabía bien cómo actuar, y el caos se desató. Los Targoides esperaron en la puerta del hangar, destruyendo a toda nave que intentara huir, a pesar de los esfuerzos de la estación por repelerlos. Con la flota de defensa destruida, poco podían hacer.
Los radares de la estación detectaron la llevada de varias naves. Media docena de contactos aparecieron a pocos kilómetros de Magnificent, dirigiéndose rápidamente hacia los interceptores Targoide que bloqueaban la salida del hangar. Las explosiones, acompañadas por la inconfundible nube azul del armamento de Aegis se sintieron en la propia estación, seguidas por el grito de dolor e ira del Targoide que había sido impactado. La comunicación, lanzada en todos los canales, llegó solo unos segundos después.
—Aquí la Tercera Flota de Intervención Federal a todas las naves: ¡Abandonen el sector! Magnificent, prepárense para la evacuación.
Los alienígenas, obligados a defenderse de las nuevas naves humanas abandonaron el impenetrable bloquedo. Todas las naves salieron del hangar a toda velocidad, activando sus motores de salto hacia otros sistemas. Pero, al mismo tiempo, varias docenas de naves entraron en el espacio de la Magnificent: Pequeñas, rápidas y maniobrables. Cobras, Diamond Backs, Adders, y Exploradoras ASP se dirigieron a toda velocidad hacia la entrada de la estación.
La guerra no había hecho más que empezar.
Basado en el univeso de Elite Dangerous.
Día 11 de 365
18 de Noviembre
jueves, 16 de noviembre de 2017
Día 9 de 365: "Han vuelto"
La nave modelo Cobra salió del espacio hiperdimensional directamente sobre un planeta metálico sin atmósfera.
El piloto chequeó la información que el ordenador de a bordo le proporcionaba tras analizar la información recibida por los múltiples escáneres. Era un planeta de núcleo metálico, un buen descubrimiento por el que la Federación de Pilotos le pagaría un buen precio. La falta de atmósfera ofrecía ciertas ventajas, a pesar de que impediría cualquier potencial colonia de alcanzar un número importante de habitantes; las naves tenían más facilidad para aterrizar y despegar, lo cual podría convertir ese planeta en un punto de paso ideal.
La grabación se pausó.
-¿Dónde has dicho que recuperásteis esta caja negra?
-No era una caja negra, si no una cápsula de escape con la grabación en el ordenador de la misma. El piloto no sobrevivió.
-Un explorador que acabó muerto, ¿qué tiene de especial?
-Cállate y observa.
La grabación volvió a empezar.
El piloto dirigió la nave hacia el planeta, en un vuelo orbital bajo para dar tiempo a sus escáneres a analizar cada detalle de la superficie. Los observadores, expertos pilotos a su vez, no tardaron en ver que estaba siguiendo un patrón de búsqueda muy obvio. No se trataba de una exploración típica: Quien fuera ese piloto estaba buscando algo muy concreto.
Poco a poco sus escáneres fueron reduciendo el área de búsqueda, y la nave se dirigió hacia una zona en concreto, cerca de una formación montañosa. Y ahí estaba.
Lo primero que pudieron ver fue una formación espiral cubierta por una bruma verde; siendo un planeta de baja gravedad y sin atmósfera, indicaba la presencia de una fuente continua de gas o polvo. Pero pronto las estructuras sobresalieron: Inmensos picos curvos, como grandes garras que hubieran surgido del suelo, rodeando una formación central. La nave se acercó con sumo cuidado, guardando las distancias, y observando la estructura obviamente orgánica de la construcción. Si es que podía calificarse como tal.
Un vuelo más cercano detectó que había movimiento: vehículos o naves de alguna clase se movían por la superficie, con una coordinación que recordaba a una colonia de hormigas. El piloto guardaba silencio, casi como si estuviera procesando lo que estaba viendo.
Entonces, todo se apagó.
Los controles de la nave se fundieron en negro, los motores dejaron de funcionar y, por primera vez, oyeron al piloto exclamar algo en un idioma que no conocían. La nave, fuera de control, cayó en barrena hacia el suelo, poco a poco debido a la poca gravedad.
Y, en una de las vueltas, vieron que había algo en el cielo. Algo grande y que se acercaba. Tenía forma octogonal.
La grabación cesó violentamente. Un mensaje del ordenador informaba que el sistema de eyección automático había sido activado; unos minutos después un nuevo mensaje informó que la cápsula de escape había sido situada en órbita y un SOS enviado en todas las frecuencias.
Los dos observadores apagaron la grabación, en silencio. No hacían falta palabras: Los Targoides habían vuelto.
Día 9 de 365.
16 de Noviembre.
El piloto chequeó la información que el ordenador de a bordo le proporcionaba tras analizar la información recibida por los múltiples escáneres. Era un planeta de núcleo metálico, un buen descubrimiento por el que la Federación de Pilotos le pagaría un buen precio. La falta de atmósfera ofrecía ciertas ventajas, a pesar de que impediría cualquier potencial colonia de alcanzar un número importante de habitantes; las naves tenían más facilidad para aterrizar y despegar, lo cual podría convertir ese planeta en un punto de paso ideal.
La grabación se pausó.
-¿Dónde has dicho que recuperásteis esta caja negra?
-No era una caja negra, si no una cápsula de escape con la grabación en el ordenador de la misma. El piloto no sobrevivió.
-Un explorador que acabó muerto, ¿qué tiene de especial?
-Cállate y observa.
La grabación volvió a empezar.
El piloto dirigió la nave hacia el planeta, en un vuelo orbital bajo para dar tiempo a sus escáneres a analizar cada detalle de la superficie. Los observadores, expertos pilotos a su vez, no tardaron en ver que estaba siguiendo un patrón de búsqueda muy obvio. No se trataba de una exploración típica: Quien fuera ese piloto estaba buscando algo muy concreto.
Poco a poco sus escáneres fueron reduciendo el área de búsqueda, y la nave se dirigió hacia una zona en concreto, cerca de una formación montañosa. Y ahí estaba.
Lo primero que pudieron ver fue una formación espiral cubierta por una bruma verde; siendo un planeta de baja gravedad y sin atmósfera, indicaba la presencia de una fuente continua de gas o polvo. Pero pronto las estructuras sobresalieron: Inmensos picos curvos, como grandes garras que hubieran surgido del suelo, rodeando una formación central. La nave se acercó con sumo cuidado, guardando las distancias, y observando la estructura obviamente orgánica de la construcción. Si es que podía calificarse como tal.
Un vuelo más cercano detectó que había movimiento: vehículos o naves de alguna clase se movían por la superficie, con una coordinación que recordaba a una colonia de hormigas. El piloto guardaba silencio, casi como si estuviera procesando lo que estaba viendo.
Entonces, todo se apagó.
Los controles de la nave se fundieron en negro, los motores dejaron de funcionar y, por primera vez, oyeron al piloto exclamar algo en un idioma que no conocían. La nave, fuera de control, cayó en barrena hacia el suelo, poco a poco debido a la poca gravedad.
Y, en una de las vueltas, vieron que había algo en el cielo. Algo grande y que se acercaba. Tenía forma octogonal.
La grabación cesó violentamente. Un mensaje del ordenador informaba que el sistema de eyección automático había sido activado; unos minutos después un nuevo mensaje informó que la cápsula de escape había sido situada en órbita y un SOS enviado en todas las frecuencias.
Los dos observadores apagaron la grabación, en silencio. No hacían falta palabras: Los Targoides habían vuelto.
Día 9 de 365.
16 de Noviembre.
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Farewell, Oxford
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